Contando Cosas
Experiencias de la vida cotidiana, esas que de tan obvias nadie las cuenta. Nadie excepto yo, y algunos más que encontramos pequeños placeres en pequeñas prácticas.
17 de octubre de 2011
Asistémica
18 de septiembre de 2011
Es Enunciación
Me gusta lo que molesta. Me gusta lo que no se dice. Me gusta aquello de lo que no se habla. Me gusta eso que está mal. Me gusta lo que incomoda. Me gusta el haz bajo la manga. Me gusta la indignación. Me gusta el orden roto. Me gusta ver cómo se transforman las caras cuando los oídos escuchan cosas que no se tienen que decir. Me gusta el retruco. Me gusta lo inesperado. Me gusta lo incorrecto. Me gusta el enunciado que rompe el discurso. Los discursos. Los naturalizados. Los que están ahí por estar, sin pensar, ni argumentar. Los que “acomodan” nuestros días y nos hacen sentir contenidos. Los que dicen qué está bien y qué está mal. Los que nos marcan qué decir, cómo movernos y cómo pensar. Los que hacen de frontera entre blanco y negro porque sí. Los que mueven nuestros músculos de la cara cuando lo incorrecto se hace presente ante nosotros. Me gusta el enunciado que anuncia otras enunciaciones posibles. Las que también están, las que también son.
19 de noviembre de 2010
Quiero un engrudo
Hoy nos siento vacíos de masa corporal. No sé por qué, ni quién nos enseñó alguna vez que todos tenemos que transitar nuestro propio camino. Quizás tiene que ser así, para vivir ajustados a este tipo de mundo, pero no hay manual que explique ni que indique cómo transitar ese camino. Vengo pensando en un collage gigante que pegue cabezas, cuerpos, masa encefálica, dedos, sentimientos, piernas, ideas, narices, uñas, ojos, ombligos y ese tipo de cosas, y que se forme una bola gigante, a la que todos podamos aportar algo propio. Si eso se pudiera hacer lo hubiera empezado hace cuatro o cinco semanas. Mientras me contento con dejarlo vivir en mi cabeza, y crece todos los días! También sueño con agarrar los colores con la mano, el rojo con la izquierda, y el verde loro con la derecha.
Por qué no nos dejamos ser? Por qué siempre tenemos que estar fijándonos, señalando, criticando lo que hace el otro? Necesito que entendamos que uno de nosotros es uno, pero también es todo lo demás. Que todas las variables que existen lo atraviezan de una o mil formas que no podemos determinar. Que no tenemos que entender todo. Que existen cosas improvisadas, totalmente inesperadas con las que podemos lidar, pero no "arreglar". Hay cosas que pasan. Dejémoslas pasar. Inquietémonos pero no perdamos la cabeza en cualquier lado. Dejémonos revolear de un lado para el otro por los infortunios del azar, mientras dejamos salir nuestra más profunda y visceral carcajada, la única y real defensa que tenemos.